SANTA ESMERALDA

El foro oficial de Santa Esmeralda, los personajes creados en 2005 por Noelia y Daniela. Enjoy!!!
 
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 La Cama Equivocada (Christian x Juan Cruz) NC-17 feliz cumple Dani!

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Gadya



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MensajeTema: La Cama Equivocada (Christian x Juan Cruz) NC-17 feliz cumple Dani!   Miér Jul 29, 2009 10:43 pm

Dani, espero que sea de tu agrado, o al menos que te arranque una sonrisa… si, si, ya sé, el pobre Juancho no tiene paz conmigo, estaré esperando ansiosamente tu crítica y la venganza de tu madre…

FELIZ CUMPLEAÑOS!! Que Bon Jovi y Orli Bloom salgan de una torta enorme de chocolate bailando Hot Stuf en bolas para vos XD

Te quiere

Tu tía Claudia n_n

(y el tío pancho que puso su apoyo logístico y dice que somos unas degeneradas XD)

Este fic no tiene sentido...



LA CAMA EQUIVOCADA

Nadie lo había dicho, pero la incomodidad había sido tan notoria que ni siquiera el silencio sepulcral reinante en el lobby del hotel pudo ocultarlo: Christian estaba de mal humor, un terrible mal humor que traducía en ansias de asesinar al primer infeliz que se cruzara en su camino. Juan Cruz lo supo con apenas mirarlo, lo adivinó en su rostro contraído, en su paso enérgico, en sus manos insistentemente aferradas al bolsillo de su pantalón, y en el cigarrillo que sus labios cercenaban sin piedad sin siquiera fumarlo; lo supuso en su mirada, en su respiración, en su voz: había discutido con ella. ¿El motivo? Qué importaba, Christian se marcharía el resto de la noche a suicidarse en un río inclemente de alcohol que algún bar inescrupuloso le proveyese hasta el amanecer, y ella quedaría sola.

Sonrió, dándole una calada al cigarro que pendía de su boca, casi paladeando el humo que escapaba como una cortina que escondiese del resto sus macabros pensamientos… ella estaría sola… Tan solo repetir la frase en su cerebro, a secas, le dibujaba esa sonrisa idiota en el rostro que no podía ocultar sin ser más obvio, sin que el resto adivinara en su solo suspiro sus intenciones ocultas

Ella estaría sola…

Imaginó sin cerrar los ojos todo lo que esa noche le haría. No había pasado mucho desde su primera vez juntos, su llegada al Paraíso y el comienzo de sus días luminosos, todo por ella y el deseo que a escondidas le profesaba, y fabuló que el encuentro que estaba planificando no sería muy distinto. Ella dejaría la puerta abierta, siempre lo hacía, y no tendría más que deslizarse hasta su cama y dar rienda suelta a la pasión, enredarse entre las sábanas, rodearse de sus piernas y entrar en ella una y otra vez.

Se mordió el labio por sobre el cigarrillo antes de consultar la hora; diez menos cuarto acusó el reloj, riéndose en su cara de la agonizante espera que le aguardaba hasta que pudiese subir sin despertar sospechas, el destino del resto ya no le importaba. ¿Christian? Quién sabía, había dejado de prestarle atención desde que sus ojos lo habían mirado con rabia mal contenida desde la entrada del ascensor; supuso que habría ido por su billetera y en esos momentos estaría montado en su Harley corriendo por las calles a velocidades de locura.

Tic tac, tic, tac, el tiempo arrastró sus pies cansinamente en la superficie oscura del reloj, crispándole los nervios, agotando su cajetilla de cigarrillos y su catálogo de posiciones de cómo fumarlos sin que su ansia se notase demasiado, no podía esperar a subir, a recorrer esos pasillos, a golpear su puerta y colarse en su cama, a sentir su cuerpo, a tocarla, a besarla, a amarla… tanto tiempo había esperado ya que los minutos asesinos parecían divertirse en sus dedos entumecidos de encender un vicio para mitigar otro, y los segundos pasaban lentos en su mente, pesando en el ambiente, entremezclándose con la tensión de saber que esperara o no, todos sabrían a dónde marchaba.

Resopló, cansado de esperar, apenas media hora había transcurrido y no tenía planeado gastar más tiempo en esa estéril vigilia que lo apartase de ella. La campana anunciando la llegada del elevador fue el punto de partida, todo lo vio tan claramente que no pudo negarse al trascurrir de los hechos… y no lo hizo. Con paso decidido se encaminó al aparato que lo llevaría hasta el quinto piso, y allí, lo que la pasión desenfrenada permitiera.

Cerró los párpados y se dejó llevar, y lo siguiente que cruzó frente a sus ojos fue el impecable pasillo del piso 5, con su innumerable cantidad de habitaciones, todas vacías, todas rentadas por el equipo de Santa Esmeralda que, esa noche, no las ocuparía. Sus pasos, amortiguados por el piso alfombrado, armaron solos el camino hacia el cuarto, y la puerta de madera, oscura como la noche que afuera lo esperaba, se abrió dócil a su mando, tal y como esperaba.

Por dentro, la habitación respiraba aroma a ella. Todo en ese cuarto la evocaba, la ropa tirada en el suelo, las ventanas cerradas, las sinuosas curvas disimuladas por las mantas, anunciando que lo esperaba en la cama entre sueños, sin la odiosa ropa que, desde el piso, evidenciaba las intenciones de esa reunión. Sonrió, desanudándose la corbata, que cayó junto a un camisón de seda, seguida por la inmaculada camisa Yves Saint Laurent que había llevado la noche que por primera vez se le entregara, la misma que, a pesar de los varios lavados, aún juraba que tenía su esencia. Los zapatos no tardaron en correr la misma suerte y, poco después, el cinto que sujetaba los caros pantalones Armani, seguido por los mismos y un par de medias negras.

Rió bajo al ver el bulto de mantas desperezarse ligeramente sin despertar, debía estar cansada, quizás hasta había llorado, o al menos esperaba, así podría consolarla. La idea le parecía sumamente tentadora, tenía que admitirlo, al menos debía reconocer la utilidad de Christian en todo el embrollo… por un momento se sintió tentado en imaginar su rostro rogándole que escapara con ella, insistiendo que firmaría el divorcio de una vez para poder casarse con él sin importarle el destino de la banda, aunque sabía que no sería así, pero el juego era por demás encantador, tanto que sin darse cuenta acabó llevando su propio cuerpo hasta debajo de las sábanas, a tantear el colchón con delicadeza hasta hallar la cintura de aquella mujer que lo volvía loco.

Grande fue su asombro al descubrir que aquella cadera que adoraba sentir contra la suya no estaba; en su lugar, una más masculina recibía sus manos sugerentes sin reproche, casi ronroneando con el toque que arrancó un suspiro con la voz equivocada

-Noelia…-

El horror. No tardó Juan Cruz en descubrir su error al oír la masculina voz nombrar a su amada mientras los musculosos brazos le rodeaban la cintura, no era Noelia sino su esposo quien dormía en la cama en la que, esa noche, planeaba hacerle el amor a ella. Tan perdido en sus fantasías había estado que no se había percatado del hecho de que Christian nunca había vuelto a bajar al lobby, y ahora, acostado en la misma cama y sintiendo su aliento a tabaco acercarse a su cuello, comenzaba a entender las señales que había visto al entrar y no había entendido… tanta ropa en el suelo sólo podía significar una cosa: Christian no se había marchado.

-Noelia, mi reina… lo siento-

Aguantó la respiración al sentir la frase susurrada que poco a poco iba convirtiéndose en besos en su cuello, mordidas en su oído, caricias que iban llenando su cuerpo sin piedad. Dormido, en su mundo de sueños, Christian estaba con ella, amándola como cada noche lo hacía, disculpándose por su enojo sin saber que en realidad el cuerpo que contra su voluntad empezaba a ceder a los encantos de sus yemas no era el de ella, sino el del hombre que había originado el pleito siendo sólo una idea.

No sabía que el baterista fuese tan hábil, no esperaba que sus dedos conociesen tan bien la anatomía, ni que su lengua rozase con tal maestría la pálida piel que comenzaba a erizarse… con espanto, Juan Cruz descubrió que, a pesar de todo, se estaba excitando. Bajo las sábanas podía sentir el sudor brotando de cada poro de su piel, mezcla de pánico y deseo que no podía controlar, que nublaba su juicio y le hacía dudar de su propia conciencia. La lengua de Christian enseñoreándose por su cuello, descendiendo con parsimonia casi enferma hasta tatuar en su carne las disculpas que creía estar ofreciéndole a su mujer en su sueño; sus manos arrastrando en toques delirantes cada atisbo de pudor, arrancándole suspiros que creía propiedad de ella, todo él, todo Juan Cruz, sucumbiendo ante los placeres de una unión prohibida ante los ojos de los hombres y ante su propia conciencia, como castigo divino por hurtar una mujer que no le pertenecía.

Se mordió los labios para ahogar un grito de terror; las morenas manos enganchadas en el elástico de su ropa interior tironeaban ya para deshacerse de ella, distrayendo su atención con suaves caricias mientras la lengua del dormido hombre torturaba sus pezones con insistencia, creyéndolos parte del cuerpo de Noelia. La mortecina luz nocturna brilló en el rastro de saliva que cubría ya el pálido pecho del trompetista, que subía y bajaba dificultosamente ante la horrorosa revelación que el roce de la tela abandonando su intimidad le mostraba: Christian iba a hacerle el amor a su esposa, sin saber que era él quien ocupaba su lugar… había ido esa noche a aquella habitación a acostarse con Noelia, a decirle cuánto la deseaba, cuanto la amaba, y como una genial burla del destino, podía intuir que acabaría gritando el nombre de su esposo delirando de placer.

La sola visión le dio náuseas, pero no sintió el valor necesario para detenerlo. Entre las oleadas de lujuria que recorrían su cuerpo al contacto con la húmeda lengua del mexicano, su mente pudo apenas imaginar lo que sucedería si, intentando huir, Christian llegaba a despertarse: lo que hasta ese entonces había sido un rumor mal fundado se descubriría, Christian descubriría que Noelia y él eran amantes. No podía arriesgarse, aunque ello le significara sacrificar su honor en un ritual doloroso y puramente personal, sería su última ofrenda para ella, su adoración y devoción… Lo sería todo.

-Te amo, mi reina…-

Juan Cruz tembló entre los brazos morenos, vislumbrando con claridad lo que se vendría. La boca de Christian, se curvó en sonrisa al llegar a sus piernas, llenándole de besos los muslos mientras, con suavidad, los separaba para abrirse camino en el único sitio que su lengua encontró pese a la resistencia. La calidez que momentos antes se había traducido en escalofríos en su torso ahora surcaba su cadera, enredándose en su vello púbico con lengüetazos ávidos de deseo y lujuria. La boca que tantos insultos le hubiese prodigado durante el día ahora engullía sus testículos, robándole el aire que afanosamente intentaba retener para mantener su cordura, marcando caminos sinuosos entre sus piernas hasta llegar a la entrada prohibida, donde sin más, la impertinente lengua irrumpió, empapándola por completo.

Un poco de sangre escurrió por su labio, mordido para evitar el grito delator que despertase a su amante de turno. Christian disfrutaba jugando a dilatar su entrada ingresando alternativamente sus dedos, haciéndolos girar en una coreografía perversa que alimentaba el morbo que, poco a poco, había ido despertando en la mente del cubano. Uno tras otro los dedos fueron entrando, ensanchando la intimidad de Juan Cruz, obligándolo a guardarse sus quejas mezcladas con jadeos, su dolor enredado en placer prohibido, sus miedos pintados de incontenibles ganas de que, por fin, la tortura acabase y el baterista entrase en su cuerpo.

-Noelia…-

-Entra ya…- susurró Juan Cruz mordiendo su propia mano para mitigar el ruido y el dolor.

Y como si hubiese oído, Christian dejó de jugar, acarició suavemente la entrada, y de una estocada irrumpió en la intimidad del joven abogado, arrancándole un par de lágrimas que suplieron con maestría el rosario de gritos que sus manos censuraron.

Dolía como los mil infiernos. Cada parte de sus ser tiraba y Juan Cruz podía sentir como su cuerpo amenazaba con romperse en mil pedazos, cada uno con el nombre de Noelia., la mujer que lo había puesto en ese altar bizarro de sacrificio. Christian no se detuvo a esperar mucho tiempo, él sabía que no lo haría, pero saberlo de antemano no mitigó el dolor de sentir las estocadas clavándose hondo en su carne, rozando su interior apretado hasta hacerlo sangrar. Christian tan sólo disfrutaba, dormido, de ella, en justa venganza por las noches que él le había robado, y en su precaria posición se disculpó en silencio, acompañando los movimientos de cadera del hombre que lo estaba poseyendo, hasta que todo rastro de dolor desapareció por completo.

Fue como si súbitamente toda la agonía se esfumara. No podía decir con seguridad en qué momento se había desvanecido, sólo que, sin darse cuenta, había comenzado a disfrutar de tantos estímulos. Su miembro, otra vez erecto luego de los sustos, rozaba el estómago de ambos, desarmando los prejuicios que hasta entonces lo habían atado, y sin sabes cómo acabó disfrutando de aquel encuentro no planificado, de aquella burla que se volvía en contra del destino y lo hacía volver a gemir y jadear mordiendo una almohada.

Las embestidas se volvieron más feroces, más salvajes, la fricción más demencial, y sin ataduras ya Juan Cruz sintió con satisfacción como su cuerpo se tensaba. Se aferró con fuerzas a las finas sábanas de lino blancas, retorciéndolas, estirándolas, haciéndolas víctima de su orgasmo, que acabó ensuciando por completo el estómago de ambos con su semen, y no tardó mucho en sentir la calidez de Christian inundando su interior con su esencia.

-No…e…liaaaa…-

Y lo sintió salir, llevándose con él el semen que escurrió entre sus muslos, y la conciencia que, poco a poco, acabó por abandonarlo en los brazos de su rival.

*

El sol se coló entre sus párpados, encontrándolo en la cama de plaza y media que, cada noche, lo cobijaba en aquel hotel. Confundido, Juan Cruz se desperezó sobre el colchón, tanteándose el cuerpo asustado… nada, no había pasado nada.

Metódicamente se sentó, y tomando la ropa de una silla cercana, volvió a ponerse el traje Armani de cada día, a arreglarse el cabello someramente, para luego salir de la habitación rumbo al elevador.

Unos pasos apresurados lo asaltaron en el pasillo, y la voz emocionada de su sobrina lo sorprendió con un saludo de buenos días que contestó parcamente, apenas saliendo del susto de tan terrible pesadilla. Sonrió, ocupándose de no preocupar a su sobrina, a fin de cuentas sólo había sido un sueño, y con un beso en la mejilla agradeció el gesto.

-¿Vas al salón a desayunar?-

-Si. ¿Me harías el honor de acompañarme, Daniela?-

-Seguro, tío.-

Y tendiéndole el brazo, se encaminaron ambos al ascensor.

-Tío…¿Por qué estás caminando raro?-

FIN.
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Dani Hoyos



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MensajeTema: Re: La Cama Equivocada (Christian x Juan Cruz) NC-17 feliz cumple Dani!   Lun Sep 14, 2009 2:20 am

ES LO MAAAAAAAS! AMO ESTE FIC!!! LO AMO LO AMO LO AMO!!! COMO TODOS LOS REFERIDOS A SANTA ESMERALDA!!!!

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